¿Por qué nos volvemos adictos al azúcar? – Circuito hedónico y circuito de recompensa

adictos al azúcar¿Cuántas veces has oído aquello de “lo que más me gusta es lo que más engorda” (mientras alguien se zampa una hamburguesa del McDonalds) o “lo mejor de la vida es lo peor para la salud”? ¿Y si os digo que, en realidad, estamos perfectamente diseñados para que nos guste comer y hacer todo aquello que es mejor para nosotros…?
Estoy hablando del circuito hedónico y el circuito de recompensa.

Circuito hedónico

El circuito hedónico fue algo muy útil hace millones de años durante toda nuestra evolución. Este circuito hace que el cerebro sepa que tan calórico/nutritivo es un alimento sólo por su palatabilidad. Cuanto más sabroso/palatable era un alimento, mayor era su aporte calórico, con lo cual, en el entorno de escasez en el que hemos evolucionado durante millones de años, nos hacía elegir comernos la grasa de un animal o una fruta madura antes que un hierbajo insulso. Es decir, servía para no perder el tiempo comiendo cosas poco nutritivas y poco calóricas y así obtener la máxima energía posible y además acumularla en forma de grasa para sobrevivir épocas de “vacas flacas”.

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¿Alguien se cree que voy a comerme esa manzana?

Ahora bien, todo lo bueno que tuvo el circuito hedónico entonces, lo tiene de “malo” ahora. Hoy en día nuestro cerebro sigue funcionando igual, sigue creyendo que la comida no abunda a nuestro al rededor y que debemos aprovechar al máximo lo que encontramos. La diferencia es que ahora nuestro entorno ha cambiado mucho, entre otras cosas, ahora hacemos trampa, fabricamos “alimentos” (productos, en realidad) exageradamente palatables, en los que entran siempre en juego la grasa, la sal y el azúcar juntos, ya sea un producto dulce o salado. ¡Estos sabores no se encuentran nunca juntos en un mismo alimento en la naturaleza! (aunque los cocos se le acercan…). Así que hoy en día, ante la duda de elegir entre una pizza llenísima de ingredientes saladitos, base crujiente y muuucho queso y un helado de chocolate con caramelo de postre o un plato (muy digno) de ensalada variada con pollo, aceite de oliva y unas mandarinas de postre… el circuito hedónico nos hará elegir la pizza y el helado, porque sólo recordando el sabor tan palatable ya sabe que eso tiene mayor aporte calórico y, además, nos dirá que comamos toooodo lo posible de esa mierda cosa tan buena y luego nos recompensará (circuito de recompensa) con una buena dosis de endorfinas que nos dejará más agustico que una cesta gaticos al lau de una estufa 😛

Con esto no quiero decir que una pechuga de pollo a la plancha, seca y sosa con unas hojas de lechuga aburridas e insulsas sean lo que es bueno para ti realmente. ¿Verdad que te gusta más esa pechuga con su piel, su grasa, al horno y con un buen chorro de aceite? Pues eso es lo que realmente es bueno para ti. Comida real bien calórica y con alto valor nutricional: SÍ. Productos procesados diseñados para que nos vuelvan locos el paladar: NO. A eso voy, a que deberíamos poder fiarnos del circuito hedónico, pero sólo podemos hacerlo si estamos rodeados de comida de verdad, no cuando estamos en la sección de galletas del súper.

Circuito de recompensa

El circuito de recompensa es bien sencillo de explicar, se activa cuando hacemos aquello que es bueno para nosotros, es la manera que tiene nuestra naturaleza de guiarnos para preservar la supervivencia individual y de la especie. Entrenar con el estómago vacío (cazar para comer), descansar con el estómago lleno, comer con hambre, beber con sed, foll… ehem… son algunos ejemplos de cosas que se ven recompensadas por el circuito de recompensa. ¿Cómo lo hace? Cómo os decía más arriba, a base de endorfinas, unos neurotransmisores opioides que nos hacen sentir bienestar, calma, placer… Todos lo hemos experimentado ¿verdad? 😉

adictos al azúcar circuito de recompensa

Recompensas artificiales

El problema de ahora, de nuevo, es que nuestro entorno ya no es el mismo, vivimos en la abundancia (a excepción de las sociedades más pobres, por supuesto) y necesitamos otros estímulos, ya que las necesidades básicas las tenemos bastante cubiertas. Además ahora lo hacemos todo el revés, de pequeños nos obligan a comer constantemente cuando no tenemos hambre, de mayores comemos sin hambre porque nos han dicho que hay que desayunar para no marearnos y hay que comer 5 veces al día para estar delgados, comemos raciones pequeñas y si nos quedamos con hambre mejor, eso nos dicen. No hacemos ejercicio y si lo hacemos, lo hacemos con el estómago bien lleno y la glucosa a tope, no sea que nos desmayemos por deficiencia de barrita de cereales bien de azúcar. Tu cerebro no entiende que comas sin hambre y si lo haces no te recompensará, no entiende que te quedes con hambre y si lo haces no te recompensará, no entiende que entrenes cuando ya has podido comer (cree que ya no es necesario) y si lo haces no te recompensará (o no tanto). Además de no recompensar, es decir, no hay endorfinas, lo que ocurre es que sube el cortisol, la hormona del estrés… ¿Por qué? Por que tu cerebro entiende que si ya has comido y te pones a correr es porque debe de haber un león detrás de tí, si comes poco y no llegas a saciarte es porque no hay comida suficiente y tu supervivencia peligra, etc, etc…

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“Estresado” es “postres” escrito al revés.

Hemos perdido el circuito de recompensa natural y por eso ahora buscamos recompensas artificiales, y eso va desde el trocito de chocolate (o atracón de pasteles) porque he tenido un disgusto, hasta la copita de vino (o borrachera) después de un día muy largo (y cosas más fuertes como las drogas). ¡Siempre buscamos el subidón de endorfinas para sentirnos bien!

Adictos al azúcar

Entendiendo el circuito hedónico y el circuito de recompensa podemos explicar por qué nos volvemos adictos al azúcar, por qué el azúcar es ahora una droga. Pensad que el dulce escasea mucho en la naturaleza, la fruta salvaje no abunda y no es tan dulce como la que comemos ahora, con suerte encontrábamos miel en un panal de abejas (y teníamos trabajo a ahuyentarlas para poder catarla) y la caña de azúcar era un tesoro para los afortunados que se toparan con ella.

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Uno no se come solamente una oreo…

Así que ante un sabor dulce, el circuito hedónico y el de recompensa nos hacen comer todo lo posible porque con tan alta carga glucémica vamos a acumular valiosísima grasa que nos ayudará a sobrevivir si el día de mañana no hay caza ni recolecta.
Nuestro cerebro de hoy no sabe que ya no nos hace falta ese “sistema de emergencia”, no sabe que cuando te acabes el paquete de galletas vas a poder comerte 3 paquetes más…

No está todo perdido

Lo ideal sería que nunca hubiésemos perdido el circuito de recompensa. Que nunca nos hubiesen obligado a comer de pequeños, que siempre hubiesemos echo actividad física antes de comer y no después… y que nuestros cerebritos no supieran cuan palatable es el pan de molde con nutella para que nuestro circuito hedónico jamás nos pidiera elegirlo ante una manzana (cosa muy palatable en realidad).

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Goku era el rey del circuito de recompensa: ¡Lucha – festín – dormir!

Aún así, no está todo perdido, podemos recuperar el circuito de recompensa en poco tiempo. ¿Como? Entrenando en ayunas (ayuno estratégico), comiendo con hambre y bebiendo agua con sedReeducar el circuito hedónico es reeducar el paladar ¿Cómo? Evitando azúcar y procesados y comiendo comida real, es decir, verduras, frutas, carnes, pescados… Créeme que se recupera y vuelves a disfrutar como un loco (como Goku) de tu comida sana después de un buen entreno.
¿Te suena? Hay quien lo llama “paleo, paleovida, paleodieta…” o simplemente puedes llamarlo vivir acorde con tu naturaleza 😉

9 thoughts on “¿Por qué nos volvemos adictos al azúcar? – Circuito hedónico y circuito de recompensa

  1. Pingback: Magret de pato con plátano y cebolla crujiente – Yo, Como sapiens

  2. Me ha encantado tu artículo, Debora.

    Es una pena y un asco al mismo tiempo la forma en la que la industria nos ha concienciado y engañado acorde a sus intereses, importándoles mas bien poco nuestro bienestar, primando que nos enganchemos a sus productos en lugar de velar por nuestra salud.

    Muy acertada la anécdota de Goku en Dragon Ball: primero entrenaba duramente hasta acabar cansado para después pegarse su buen festín. ¿Cómo puede hartarse a comer de esa manera y no ponerse tocinete?, pues tal y como ya dices: quemando energía y reponiéndola con alimentos sanos de toda la vida.

  3. ¡Pero como no tiene ningún comentario la entrada! xD Aunque veo que por Facebook se ha compartido mucho 🙂
    Ya se echaba de menos leerte, aunque bueno, he estado bastante ausente y ya ves a que fecha te leo xDDDD
    Me ha encantado la entrada. ¡Plas,plas, plas! ♥ Alto y claro ^^
    Ah y por cierto, felicidades atrasadas 😀 que lo vi por Instagram pero a veces simplemente miro fotos sin interactuar y luego se me olvida xD

    • Jejejee!! Sí, la entrada tiene muchas visitas y se comparte mucho, pero nadie dice ni mu!! Gracias por ser la primera y por el aplauso ^.^ Creo que entender el circuito de recompensa es la base para entender cómo cuidarse!! 😀
      Gracias también por la felicitación de cumple, jej!

      Un beso!!

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